Compost: todo lo que tenés que saber para lograr tu propio abono orgánico

Compost: todo lo que tenés que saber para lograr tu propio abono orgánico

Las plantas, al igual que nosotros, se defienden mejor ante las dificultades si están bien nutridas. Y para “darles de comer”, pocas cosas son tan eficaces como un buen compost.

3124180w740Hacer compost es imitar a la naturaleza, activando procesos orgánicos para fabricar fertilizantes naturales. Se alimenta así el suelo, un organismo vivo que requiere de nutrientes además de agua, aire y protección en general, y que es en definitiva el sostén y alimento de nuestras plantas. Además, reducimos considerablemente los residuos del hogar.

Tanto en producciones extensivas como en intensivas y en el ámbito de la ornamental, el compost debería ser el pilar para producir más y mejor: más frutas, verduras, granos, flores o crecimiento en general en una superficie determinada; y de mejor calidad, tanto en tamaño, en consistencia, en aroma y color, como en aspecto, además de mejorar directamente la sanidad de las especies, dado que cuando están bien nutridas enfrentan mejor las complicaciones climáticas, ataques de insectos o enfermedades. Además, podrán recomponerse más rápidamente si alguna o varias de estas contingencias ocurrieran.

Si se tuviera la oportunidad de arrancar de cero, lo que se debería hacer es una buena preparación del suelo -tanto en su aspecto físico como nutricional- agregando cierta cantidad de compost. Pero también, aunque no se empiece así, es bueno agregarlo ante ciertas problemáticas de deficiencias, escasos desarrollos, enfermedades.

Para realizar el compost de una manera efectiva, deberemos brindar las mejores condiciones para que los microorganismos puedan desarrollarse y transformar la materia orgánica en abono natural. Lo ideal es agregar distintos tipos de restos orgánicos y vegetales para lograr un buen equilibrio y que se cumplan los procesos necesarios hasta llegar al producto final.

¿Qué tener en cuenta?

Relación carbono/nitrógeno: Los microorganismos aprovechan el carbono y el nitrógeno de los materiales a degradar. La relación conveniente entre estos dos elementos es entre 30 y 60/1, es decir, deberemos aportar bastante más carbono que nitrógeno. Aportamos carbono a la mezcla con restos de pasto, hojas, papel. Aportaremos nitrógeno con los restos de frutas y verduras. Ingredientes con altos niveles de N: orines, guanos frescos (el de gallina es uno de los más concentrados, por ejemplo), plantas leguminosas frescas. Ingredientes equilibrados: pajas mezcladas con orines y guano (camas de establos), hojas de árboles, restos de podas chicos o triturados. Ingredientes con alto nivel de C: aserrín, papel, paja de trigo, hojas de pinos (verdes o secas).

Aire: Debemos asegurarnos que el material a degradar reciba la cantidad de aire necesaria para evitar el proceso de pudrición y sus malos olores. El nivel de aireación no debería ser ni alto ni bajo, sino medio.

Humedad: Hay que garantizar la suficiente cantidad para que los microorganismos puedan desarrollarse. No tiene que quedar ni excesivamente húmedo ni muy seco. Inicialmente, los ingredientes deberían tener entre 30 y 80% de humedad. A medida que se van mezclando también se irán mezclando los distintos porcentajes, para llegar a entre 40 y 60% durante la etapa de maduración del compost.

Temperatura: Según la temperatura ambiente, la humedad, la aireación y los ingredientes aportados, la temperatura irá subiendo a medida que avance el proceso. Serán muy altas en las primeras semanas (puede alcanzar hasta 70° C, ya críticos para la supervivencia de los microorganismos), y en las siguientes semanas bajan paulatinamente, hasta enfriarse completamente al finalizar el proceso.

PH: Para un correcto funcionamiento de la compostera necesitaremos equilibrar los componentes para obtener un pH cercano a 7 (neutro). Por ejemplo, no es recomendable saturar la compostera solo con restos de cítricos que tienen un pH ácido; si van mezclados con otros restos, podrán ser digeridos de una mejor manera.

Remover: Si hacemos esto periódicamente ayudamos a que el material no se compacte, a que el aire circule y, por consiguiente, ayudaremos al proceso.

compostera¿Qué compostera elegir?

Para reconocer el tipo de compostera necesario habrá que tener en cuenta los hábitos de consumo de la casa, cuántas personas viven, el espacio con el que se cuenta, con qué tipo de materiales orgánicos se va a alimentar (por ejemplo, sólo restos de frutas y verduras o restos provenientes del jardín como hojas, pasto, ramitas).

Para elegir el tamaño habrá que evaluar cuánto es lo que se quiere abonar y la cantidad de residuos hogareños o del jardín. En función de eso, armar o fabricar la compostera. Si ya se tiene una pequeña, puede usarse una segunda compostera para una mayor producción.

Las distintas etapas

Fresco

A partir de los 2-3 meses ya podremos obtener un compost fresco, no terminado, que aportará principalmente protección al suelo, colocado en su superficie y sin mezclarlo con la tierra (ya que los nutrientes todavía no están listos para ser asimilados por las plantas). En esta etapa se reconocen todavía los restos. Es preferible esperarlo un tiempo más.

Maduro

Entre los 6 y 9 meses podremos obtener un compost maduro, que ya aportará nutrientes. Lo podemos aplicar sobre la superficie o ligeramente mezclado. A esta altura, los restos ya serán mucho más pequeños.

Viejo

Después del año, obtendremos un compost viejo, en el cual los nutrientes ya están mineralizados y disponibles para las plantas. Ya no se reconocerán los restos, tendrá un color negruzco-pardo, con aspecto y olor a tierra, aun no siendo tierra.

Crédito revista jardinCuándo y cómo aplicar

Debe aplicarse una vez que se haya terminado el proceso, pero está bueno saber que si por alguna causa uno lo aplicara cuando aún esto no ocurrió, no sería peligroso, si bien tampoco estaríamos agregando todos los beneficios. Tanto para producciones anuales como perennes, el momento más apropiado para su aplicación se reconoce cuando la temperatura no es ni extremadamente fría ni calurosa. Debe tenerse en cuenta que tendría que actuar en el momento en que las raíces de los individuos a abonar estén en pleno desarrollo, es decir fundamentalmente en primavera y otoño, aunque muchas veces, por una cuestión operativa, hay quienes lo agregan en invierno.

Cómo evitar roedores y olores

Si el olor es muy fuerte, parecido al del amoníaco, puede estar necesitando más carbono. Es aconsejable agregar restos de pasto, hojas, papel. Si parece olor a podrido, puede haber exceso de humedad y falta de aire. Hay que remover y agregar restos más secos. Un cierto olor no muy fuerte es normal, y es parecido al de la tierra cuando está terminado. Según con qué se alimente la compostera, es recomendable elegir un modelo con tapa (por ejemplo, cuando sus ingredientes sean mayoritariamente restos de cocina).

En el caso de que tengamos presencia de roedores o moscas, deberíamos equilibrar los ingredientes, removerlos, agregar o quitar humedad, creando así un ámbito menos propicio para estos. También habrá que pensar en contar con una compostera con tapa.

El suelo y el compost

El compost también ayuda a mejorar el aspecto físico del suelo, equilibrando sus componentes principales (arcilla, limo y arena). Muy pocas veces se encuentra una situación ideal, y siempre ayudará a mejorarlo. Si el suelo tiene gran porcentaje de arcilla, puede traer complicaciones, porque expandirse y contraerse ante el exceso y falta de agua, respectivamente, puede dañar las raíces. Si, en cambio, el exceso es de arena, tendría poca retención de agua y mayor probabilidad de que sus raíces sean afectadas por nematodes. Estos gusanos pueden provocar un decaimiento general de la planta, o causar su muerte en el caso que el ataque sea grave. La aplicación de compost no solo ayuda a que no sea un espacio para su proliferación, sino que al fertilizar ayudaremos a la recuperación.

Fuente: Juan Buela, con la colaboración de Josefina Aramendi para Revista Jardín | Fotos: Revista Jardín

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