Seis lugares comunes sobre el ambientalismo (que hay que discutir)

Seis lugares comunes sobre el ambientalismo (que hay que discutir)

Lo de dejar el ‘temita verde’ para después ya no garpa más.

1. “Eso es un tema de países ricos y clases altas”

Error. Si bien la responsabilidad y el goce de los frutos de la explotación de la naturaleza pueden ser atribuidos en mayor medida a los países desarrollados y los sectores con mayor poder adquisitivo, el mundo es injusto también para distribuir los impactos negativos de la degradación ambiental.

Los países pobres dependen de manera más directa del funcionamiento “normal” del clima y la naturaleza. El cambio climático y la pérdida de biodiversidad afectan primero a las economías agroexportadoras: las industrializadas son menos vulnerables a sequías, inundaciones o plagas de langostas. Lo mismo sucede a escala humana: no se sufre de la misma manera una ola de calor en una oficina climatizada que trabajando en el campo; o desde una casa con pileta que en un barrio con cortes de luz.

2. “¿Para qué ocuparnos si total Estados Unidos y China van a fritar el planeta?”

Primero, más allá del uso oportunista del negacionismo climático, el consenso científico sobre la urgencia de actuar frente a la crisis ambiental es total, y las economías del mundo migran lenta pero invariablemente hacia desarrollo más sustentables. Lo podemos ver en la fuerte apuesta china a las tecnologías energéticas bajas en emisiones de carbono.

Segundo, la política ambiental, incluso la diseñada para reducir los efectos del cambio climático, tiene efectos beneficiosos a nivel local. Por ejemplo, fomentar el transporte público por sobre el auto particular genera ciudades más seguras, mejora la calidad del aire, reduce el tráfico, impulsa el comercio local, habilita la sociabilización y contribuye a reducir el sedentarismo.

3. “Les importan más los animales que las personas”

La mayoría de los idearios ambientales son antropocentristas: piensan el cuidado ambiental principalmente en función del humano. Los más radicales son los antiespecistas, que descreen de las jerarquías entre los animales, piensan que no tenemos derecho a decidir sobre el destino y maltratar a las demás especies y abogan por el veganismo.

Parece un montón, pero ¿quién querría que su mascota pase por un proceso industrial como los pollos o las vacas? Recordemos al gaucho en Intratables diciendo que apuñalaría a quien ose dañar a su perro. Esa diferencia cualitativa que establecemos en la forma de pensar nuestras mascotas y los animales que comemos sólo existe en nuestra mente. Pero, volviendo, y más allá de la valoración intrínseca de la naturaleza que cada uno tenga, el ambientalismo entiende que la biodiversidad es absolutamente necesaria para la supervivencia de la humanidad. Por eso se preocupa por conservarla.

4. “Nos dicen que reciclemos y no usemos el auto, pero sin políticas públicas no sirve”

Buen intento. Es evidente que las acciones individuales son inconducentes sin políticas públicas que las complementen. Ahora, al menos en la Ciudad de Buenos Aires hay transporte público y un sistema de recolección de residuos diferenciada. Si son deficientes hay que exigirle más al Estado, no usarlo como excusa para no cambiar hábitos.

Además, la acción individual debe ser medida en su escala correspondiente: una persona gestionando bien la basura no tiene impacto sobre el colapso del CEAMSE, pero sí puede reducir el riesgo de que el trabajador que la manipula se accidente.

Por último, los gobiernos están atravesados por múltiples intereses; sin una ciudadanía que demande políticas ambientales eficaces y acompañe su implementación no tendrán incentivos para llevarlas adelante.

5. “Son antidesarrollo”

El objetivo del ambientalismo es que las personas vivan mejor y entiende que para eso hay que integrar la dimensión ambiental a los análisis de costo beneficio, a los modelos de desarrollo y a las mediciones de éxito de los países. Suele ser más fácil y barato en el corto plazo no incorporar lo ambiental porque requiere mayores inversiones, cambios de tecnología, conflictos con actores económicos, etc. Pero eso inevitablemente redunda en una degradación ambiental cuyo costo es asumido por la sociedad en su conjunto.

Como ejemplo local nada mejor que el Riachuelo. Como ejemplo global, el cambio climático. El equilibrio justo entre la maximización del bienestar humano y la minimización del impacto ambiental no es sencillo de definir ni de alcanzar, pero cualquier planificación que pretenda pensarse en el mediano plazo debe buscarlo.

6. “Expliquen cómo van a desarrollar la economía”

Bueno, esto es como pedirle al médico que recomienda comer más sano que entonces venga a hacer la ensalada.

La ciencia ambiental estudia y señala las limitaciones y los impactos de las distintas actividades humanas para proponer formas de llevarlas adelante con menor impacto. Así como la economía tradicional a priori no incorpora cuestiones ambientales, no tiene sentido exigir a los técnicos del área presentar un modelo de desarrollo como si fueran economistas.

Pensar un modelo de desarrollo sustentable es un desafío interdisciplinario que requiere de voluntad y habilidad de conversar entre actores con prioridades divergentes, pero con el objetivo común de un país más justo.

Fuente: Elisabeth Mohle para Cenital

Compartir en:


Tags assigned to this article:
ambientemitos

No comments

Write a comment
No Comments Yet! You can be first to comment this post!

Write a Comment

Your e-mail address will not be published.
Required fields are marked*