by Milagro Pannunzio | 8 de diciembre de 2020 9:32 PM
Por Milagro Pannunzio
Durante el aislamiento social, preventivo y obligatorio, vecinos de los barrios de Beccar, San Isidro y Victoria, se organizaron para construir una compostera comunitaria ubicada en un espacio verde junto a las vías del tren Mitre (Brasil y Rivadavia, San isidro). Sol, a la que llaman la Alma Mater del espacio, fue quien tuvo la iniciativa y los convocó a participar. Conoció a Nico por su emprendimiento “Grano Almacén” que propone desalentar el uso innecesario de plásticos mediante la economía circular y ambos pusieron en marcha el proyecto. Juntos estuvieron en comunicación con Zona Norte Ambiental, en compañía de Margarita, vecina que bautizó al espacio como “El Club de la Compostera”.
El sábado 19 de diciembre llevarán a cabo una feria en el espacio para recaudar fondos. Sobre ello, expresaron: “Todo lo que está acá lo fuimos poniendo desde nuestro bolsillo, entonces dijimos por qué no hacemos una feria en la que ofrezcamos semillas, plantines, compost, lo que fuere a voluntad, sin precio marcado. Con lo que juntemos podemos seguir sumando otros huerteros, comprar otros materiales que necesitamos, como un pala por ejemplo. Hay vecinos que hicieron millones de plantines para ese día. Se generó como algo de ayuda, de comunidad, y eso creo que también lo trajo la pandemia”.
Sol se comunicó con sus vecinos mediante un grupo de WhatsApp de compra venta que surgió durante la cuarentena y consiguió la compostera a través de Leandro, participante de la ONG “Germinar”. “Teníamos todo, la compostera, el grupo de vecinos, pero no teníamos dónde ponerla. Una amiga mía vive cerca de acá y me dijo que tenía el lugar ideal. Nico vino un día, pidió permiso a los vecinos de enfrente, dijeron que no tenían problema y el sábado 12 de septiembre vinimos con bordeadora, pala, y la instalamos. Es decir que lo primero que hicimos fue poner la compostera y después bueno fue creciendo el resto de las cosas. Estos dos huerteros, por ejemplo, nos lo donó Leandro de la ONG Germinar”, mencionó Sol. “Después se fue sumando un montón de gente de acá de la cuadra, pasaban, nos veían, y decían ‘qué bueno, ¿qué es esto?, ¿en qué puedo ayudar?’ y así se fueron sumando”.
-¿Cómo se organizan entre los participantes para mantener el espacio?
Sol: Al principio siempre venía Nico con los bidones hasta que dijimos basta y armamos un calendario de riego y cada uno fue completando en que día y horario podía venir. La idea es ponerlo y ocuparte, no ponerlo y dejar que la naturaleza haga. Si queremos tener una huerta, tenemos que regar. Pero lo que nos pasaba, es que cada vecino venía de su casa con un bidón enorme caminando, entonces le pedimos a la Municipalidad (de San Isidro) si nos podía poner agua, y a partir de esta semana va a venir todos los martes a llenarnos este tacho de agua y ya no necesitamos venir con los bidones. Fue una gran ayuda porque sin el agua no podíamos seguir avanzando.
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Margarita, vecina del barrio, fue de las primeras vecinas que se acercaron a la actividad y la bautizó como EL CLUB DE LA COMPOSTERA. “Una cosa va llevando a la otra. De repente empezó con la compostera, pero esto antes era un lugar muerto y mira ahora, vamos poco a poco haciendo una plazoleta”.
-¿Qué objetivo se propusieron cumplir con este proyecto?
Nico: Es brindar consciencia, me parece que en los cambios de hábitos, uno te lleva a otro y me parece que el más importante fue, dentro de la cuarentena que tanto se extendió, fue reducir los residuos que uno genera y que más lo haces estando en tu casa todo el día. Por eso, como dijo sol, la idea principal era poner la compostera, utilizar los residuos orgánicos de cada vecino, alimentar las huertas con esta misma tierra. Acá hay un compost avanzado, ya maduro, que también lo ponemos en esta tachito para quien necesite abono para sus plantas.
Sol: La verdad es que se formó una comunidad, un club. El primer objetivo era algo sostenible, cuidar el ambiente. Yo tenía compost en mi casa, pero quería que la gente vea que no es tan difícil, y ahora por ahí alguien que le daba miedo hacerlo en su casa, acá viene y lo hace. El primer objetivo fue ese, concientizar un poco más, pero después se transformó en en una comunidad hermosa en la que uno da sin esperar nada a cambio y nos juntamos tal día a limpiar, a pintar, a hacer este tacho por ejemplo.
-¿Creen necesario que estos conocimientos se difundan en el resto de la población? ¿De qué manera?
Sol: Particularmente hace muchos años me involucro y me preocupa el tema del ambiente. Empecé a hacer cosas en el club al que van mis hijos, y cada vez me involucre. Para mi es fundamental la enseñanza en los colegios, los chicos ya tienen otro chip, pero es fundamental, es lo que les va a quedar a ellos. Siempre les digo ‘esto es para ustedes’ porque es el planeta que lamentablemente les vamos a dejar, y cada vez está más difícil, pero creo que es con consciencia. No podemos hacer todo, pero podemos empezar por algo. A mis amigas les digo, ‘empezá con una cosa, no te digo que hagas todo lo que yo hago, pero hace una cosa y vas a ver que eso te va llevar a hacer otra, y después a otra’. Hay que empezar con lo que le resulte más fácil a cada uno, porque por ahí a Nico le resulta más fácil hacer un compost, y a Margarita llevar las botellas a reciclar; pero estás haciendo algo, contribuyendo con algo. Entonces creo que es fundamental los colegios, las municipalidades, el gobierno que acompañe y que haga más campañas. Es parte de concientizar y educar cómo se tiene que hacer, por qué, cuál es el proceso. Me parece que hay muchas patas pero si nos quedamos en lo que el gobierno debería hacer estamos en el horno, entonces cada uno se tiene que ocupar.
-¿Qué destino tiene la cosecha de la huerta?
Nico: La idea es cosechar entre todos y que cada uno se lleve lo que quiere, lo que necesite. Todos los vecinos al aportar materiales, y traernos plantines, son también quienes pueden venir y disfrutar de las cosas que sin la ayuda de ellos no estarían creciendo. No hay una finalidad específica para comercializarlo, al contrario, es para disfrutar entre todos.
-¿Por qué creen que está en crecimiento la organización de huertas o composteras, ya sea hogareñas o colectivas?
Sol: Yo creo que particularmente las composteras comunitarias tienen mucho crecimiento, acá en San Isidro es donde más se ven. Para mi tiene que ver con esto que te digo de la comunidad, como que la gente se empezó a encontrar y a conocer con el que tenía al lado. El estar metido en tu casa, hizo que te ocuparas o hagas otras cosas, y creo que hubo más consciencia del cuidado de uno mismo, de lo que come, del cuidado del planeta también. Justo hablaba con Tomás Rodríguez, que es el director de ecología de San Isidro, que nos da una mano con el agua y también nos trae secos. Él me preguntó, ‘¿vos pensás que cuando termine la cuarentena, esto va a seguir?’, yo le dije que para mi si porque se generó, al menos en nuestra compostera, un vínculo de comunidad, de ayudar, de colaborar, de pensar. Para mi va a continuar porque la única manera de salvarnos es preocupándonos los unos por los otros y dando sin esperar recibir nada a cambio. No es una tendencia, también hay muchos niños y gente joven que se está involucrando. Y eso lo van a transmitir y va a quedar. La gente cada vez se engancha más. nosotros ahora pusimos ese cartel, que es el código QR para unirte al grupo de whatsapp y es tremenda la gente que se unió.
-¿Saben de más composteras o huertas en la zona? ¿Trabajan en conjunto?
Nico: Hay muchas más, hay una página de Instagram que se llama ‘composteras comunitarias’ que tiene el mapa de todas las que hay. Es quien engloba todos los proyectos que queremos que se replique.
-¿Qué reacción tuvieron los vecinos con este nuevo espacio?
Sol: Al principio había vecinos que nos miraban con desconfianza y ahora se acercan y nos dicen ‘los felicito y les agradezco porque esto antes era un terreno baldío’. La otra vez un vecino pasó y pregunto ‘y no les roban nada? ‘. Pero nunca nos faltó nada, nunca pintaron o nada, es como que la gente lo ve bien, cuidado y lo respeta. El vecino de enfrente, Diego, un día se vino con todas las máquinas de su casa y cortó todo, limpió el lugar. Otra de las vecinas que integra el club es una de las ‘abuelas cuenta cuentos’, y el otro día le propusimos armar un sector en la feria para que se anime a contar un cuento. También hay una chica que hace un curso de huerta y trabaja con niños, entonces la idea es armar en algún momento talleres de huerta para niños, hay muchas ideas. Margarita quiere festejar su cumpleaños acá. Es todo positivo.
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