Científicos y estudiantes de las escuelas de Ciencia y Tecnología y de Hábitat y Sostenibilidad de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) buscan desarrollar un material no contaminante que pueda servir para fabricar láminas para la industria alimenticia, como separadores de tapas de empanadas. Al mismo tiempo, reutilizan abundantes desechos de la industria láctea. El objetivo final es transferir el conocimiento a una pyme de San Martín.
Por Nadia Luna
El plástico es un material que puede tardar cientos de años en degradarse, según su composición. A una bolsa le lleva entre 55 y 150 años, mientras que una botella tarda alrededor de 500 en desaparecer. Pero ese no es el único factor contaminante: la mayoría de los plásticos están hechos a partir de combustibles fósiles, la principal fuente de emisión de gases de efecto invernadero. A esta doble problemática se le suma que muchos tienen una vida útil muy corta, ya que funcionan como empaques de un solo uso.
Con el objetivo de buscar un reemplazo al plástico de origen petroquímico, investigadores y estudiantes de las escuelas de Ciencia y Tecnología (ECyT) y de Hábitat y Sostenibilidad (EHyS) de la UNSAM trabajan en la fabricación de películas plásticas biodegradables elaboradas a partir del suero de leche. El lactosuero es un subproducto resultante de la producción de quesos que, si se lo desecha al ambiente, también resulta contaminante.
El objetivo es fabricar films o láminas que puedan servir para la industria alimenticia —por ejemplo, como separadores de empanadas— utilizando un material que, al estar hecho a base de una proteína, tarda solo entre 45 y 60 días en degradarse.
María Lidia Herrera, investigadora del Instituto de Tecnologías Emergentes y Ciencias Aplicadas (ITECA, UNSAM-CONICET) y directora del proyecto, explicó cómo surgió el proyecto: “Empezamos a trabajar con proteína de suero de queso en el laboratorio, a partir de la tesis de doctorado de Lina Rodríguez. El suero es un efluente de la industria láctea que se produce en una proporción enorme y es muy contaminante. Entonces, usar esa proteína como ingrediente para fabricar bioplásticos generaría una economía circular”.
Sobre los avances del reemplazo del plástico destacó que “se viene trabajando desde hace un par de décadas y avanza cada vez más” y agregó: “Nosotros tenemos una industria láctea enorme, lo que implica grandes volúmenes de desechos, así que sería bueno poder usarlos para fabricar bioplásticos. Aparte de la ventaja ambiental, está la ventaja económica, ya que al ser un residuo es caro conseguirlo”.
Además, la investigadora explicó la transferencia al ámbito productivo: “Para presentarnos a la convocatoria de UNSAM Investiga, hicimos alianza con una empresa que se llama Cotnyl, una pyme de San Martín que produce bandejas y envases reutilizables. A ellos les preocupa el daño que producen los plásticos al medioambiente y están en búsqueda de materiales que les sirva para producir de forma no contaminante. Ellos son la contraparte de este proyecto y están interesados en el conocimiento que podamos generar”.
Y agregó: “A veces no es fácil hacer este tipo de articulaciones y esta conexión con la empresa fue algo muy importante para que el proyecto exista”.
El proyecto obtuvo financiamiento de la convocatoria UNSAM Investiga 2025 —con Alianza Estratégica—, que tiene un año de duración.



