En el Campus Miguelete de la Universidad Nacional de San Martín se llevó a cabo la plantación comunitaria del primer Punto de Vida de la Universidad, una adaptación a pequeña escala del método Miyawaki que busca recrear un ecosistema de bosque nativo y contribuir a la regeneración socioambiental.
En la década de 1970, el botánico y ecólogo japonés Akira Miyawaki desarrolló un método para acelerar la regeneración de bosques y crear ecosistemas ricos en biodiversidad, como respuesta a la deforestación y a la pérdida de espacios verdes asociadas al desarrollo industrial. Su propuesta se basaba en la reconstrucción de una comunidad vegetal propia del bosque nativo, a partir de la selección de especies, la plantación de alta densidad, la disposición de distintos estratos de vegetación y una rigurosa preparación del suelo. La combinación de estos principios permitió a Miyawaki y a su equipo crear bosques nativos densos y maduros en períodos relativamente cortos.
Miyawaki falleció en 2021, pero su legado se mantiene más vigente que nunca frente a la actual crisis ambiental y la creciente pérdida de biodiversidad. Inspiradas en su método, distintas iniciativas impulsan hoy la creación de bosques urbanos en espacios reducidos en diversas partes del mundo.
Un Punto de Vida en la UNSAM
La propuesta surgió a partir de la articulación del Área de Sustentabilidad y Ambiente (ASyA) de la Secretaría de Extensión, Vinculación y Transferencia (SEVyT) con integrantes de la iniciativa Ruta Verde y de Proyecto Acacia. Este último cuenta con seis años de experiencia en la aplicación del método Miyawaki para la creación de bosques en distintas localidades de la provincia de Buenos Aires, y aportó sus conocimientos técnicos para el desarrollo de esta primera experiencia en la UNSAM.
Como resultado de este trabajo conjunto, se llevó adelante una plantación comunitaria en la zona central del Campus para crear el primer Punto de Vida de la Universidad: una adaptación del método Miyawaki en una superficie de apenas cuatro metros cuadrados, concebida como una unidad experimental para recrear una comunidad vegetal inspirada en los bosques nativos de nuestra ecorregión, anteriores a la transformación del territorio por la colonización europea.
Los Puntos de Vida no se limitan a las plantas que los componen ni al acto de plantarlas colectivamente. Desde Proyecto Acacia los definen como “una obra artística, un experimento ecológico, una herramienta de encuentro y un protocolo replicable”. En ese sentido, explican que la propuesta busca “volver accesible el método Miyawaki a escala humana, mediante pequeñas unidades que puedan realizar grupos y comunidades sin depender de grandes actores o infraestructura”. Además, se proponen desarrollar y compartir “una metodología abierta para que otras personas puedan conocer, adaptar, documentar y replicar”. Estas pequeñas unidades no pretenden representar por sí solas un bosque nativo, sino que puedan reproducirse y conectarse entre sí para conformar una red de espacios verdes y, eventualmente, contribuir a la creación de corredores biológicos.
La convocatoria reunió a cerca de 30 personas, entre integrantes de la comunidad UNSAM, estudiantes de distintas carreras, docentes y vecinos/as. También participaron niños de la Escuela Especial N.º 502 República Argentina, de Villa Ballester, quienes llegaron al Campus acompañados por sus familias. La jornada combinó el trabajo colectivo con el aprendizaje y el intercambio de conocimientos en torno a la naturaleza.
Para esta primera experiencia se eligió recrear una comunidad vegetal característica del talar de barranca, un bosque nativo adaptado a condiciones de disponibilidad limitada de agua, propio de sectores de la ecorregión del Espinal, una de las tres que atraviesan la provincia de Buenos Aires. La selección incluyó ejemplares de tala, talilla, coronillo, molle, espinillo, sauco, ñapinday, pavonia (sepium y hastata), cedrón del monte, margarita punzó, santa lucía y canario rojo.
Antes de plantar los ejemplares, las personas participantes delimitaron el espacio y cavaron hasta unos 30 centímetros de profundidad. Durante cada etapa del trabajo, integrantes de Proyecto Acacia y Nueva Ruta Verde explicaron los pasos a seguir y guiaron a las personas participantes en la preparación del suelo, para la que se incorporaron 100 kilos de biomasa —compuesta por compost, restos de poda y pasto seco—, y en la incorporación de microorganismos provenientes de un bosque madre. En aproximadamente dos horas de trabajo compartido, quedó conformada esta pequeña comunidad vegetal nativa, que ahora comenzará a desarrollarse en el Campus.
Más información en ambiente.extension@unsam.edu.ar, www.instagram.com/proyectoacacia/, www.instagram.com/nuevarutaverde
Fuente: Juan Martín de la Cruz | Fotos: Comunicación SEVyT



