Desde la Estación Experimental Agropecuaria Delta del Paraná, el organismo combina marcadores microsatélites, fenología y análisis de frutos para garantizar la pureza genética de las plantaciones.
La identificación precisa de los cultivares de pecán es un factor determinante para definir el manejo agronómico regional y optimizar la polinización cruzada en cada monte frutal. Para responder a esta demanda productiva, el INTA consolidó un método integral que certifica la identidad genética de los árboles mediante perfiles de ADN (marcadores microsatélites), complementados con rigurosos estudios fenológicos y de calidad de la nuez.
Esta innovación metodológica es fruto de una extensa trayectoria en la región isleña. Según destacó Ana Laura Grassi —especialista de la EEA Delta del Paraná a cargo de los relevamientos fenológicos—, la unidad lidera un programa continuo de introducción, multiplicación, evaluación y conservación de germoplasma.
En ese marco, la EEA Delta del Paraná incorporó y evaluó materiales del programa de mejoramiento del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA). Hoy en día, la experimental custodia una colección clave de cultivares introducidos e identificados, junto a dos variedades desarrolladas localmente por el INTA, mientras que una red nacional de ensayos analiza su adaptación en los diferentes ecosistemas del país.
Actualmente, el catálogo cuenta con 20 cultivares inscriptos ante el Instituto Nacional de Semillas (INASE) y avanza en la caracterización integral de otros 14, proyectados para su pronta incorporación al Registro Nacional de Cultivares (RNC).
“Cada árbol posee una combinación única de secuencias en su ADN que actúa como una huella digital genética”, precisó Juan Gabriel Rivas, especialista en genotipado molecular del IABIMO. Los marcadores microsatélites permiten distinguir variaciones sutiles entre individuos y contrastarlas con la observación en campo.
A partir de muestras de hojas, el equipo extrajo ADN y analizó un conjunto de marcadores capaces de generar perfiles genéticos únicos. Estos perfiles permiten identificar los cultivares, establecer su trazabilidad y estudiar su diversidad y sus relaciones genéticas.
El trabajo desarrollado por el INTA a través del trabajo conjunto del Instituto de Agrobiotecnología y Biología Molecular, el Instituto de Recursos Biológicos y la EEA Delta del Paraná, suma una herramienta de identificación que vincula la información genética con la observación del comportamiento de las plantas.
El resultado es una caracterización más precisa de los materiales disponibles y una base técnica para definir su utilización según las características de cada región y de cada plantación.



